La vida está llena de decisiones que no sabemos adónde nos van a llevar. Simplemente las tomamos desde la intención de explorar algo nuevo, intentar un hobby, salirnos de la rutina o buscar alguna respuesta. Muchas veces son esas pequeñas decisiones las que terminan cambiándonos la vida por completo, llevándonos por caminos distintos y poniéndonos en lugares donde nunca pensamos estar.
El camino de Ximena en los últimos años se ve un poco así. Pasó de querer hacer un voluntariado de un par de semanas a ser la directora de una fundación que hoy llega a más de 600 niños cada semana. Pero ese camino nunca estuvo en ningún plan. Después de pasar unos años en Estados Unidos, principalmente aprendiendo inglés, llegó a Colombia en busca del siguiente reto. Como educadora de profesión, los voluntariados siempre le habían llamado la atención, así que pensó en empezar por ahí. Así llegó a Río Foundation en 2022.
Ahí las dos semanas se convirtieron en un año y luego, sin pensarlo, en cuatro. Cuando llegó, ya se daban fútbol, danza e inglés como clases semanales, pero estaba lejos de lo que sería hoy.

Para entender a dónde llegó Ximena hay que mirar lo que ya existía. Río Foundation funciona dentro de un hostel en Buritaca, a orillas del río, entre el Parque Tayrona y Palomino. Antes de que el hostel abriera en 2017, sus dueños, Ben, un inglés, y Guy, ya daban clases de inglés a la comunidad y habían montado un proyecto de reciclaje que terminó involucrando a la mayoría de los hostales y hoteles de la costa. Empezaron con los mototaxistas, que son los que llevan a los viajeros selva adentro. La lógica era: en una zona por donde pasa gente de todo el mundo, hablar otro idioma abre puertas. En 2020 la fundación se formalizó, dos años antes de que Ximena llegara.
Hoy trabajan en una zona de posconflicto con deporte, arte, educación ambiental y bienestar. El fútbol, que cuando Ximena llegó era una clase a la semana, hoy son dieciocho sesiones para más de 350 niños, y armaron la primera liga comunitaria juvenil sobre la Troncal del Caribe. Todo eso fue pasando en paralelo a su propio camino: mientras la fundación crecía, Ximena pasaba de voluntaria a directora.

Pero eso no se sostiene solo con buenas intenciones, se sostiene con gente. Ximena cuenta que los voluntarios no saben lo mucho que aportan: llegan con energía, con pasión y con cosas para enseñar, y eso mantiene viva una rutina que depende de que alguien aparezca cada día. Ella lo sabe desde los dos lados, porque primero fue una de ellos.
No nos digamos mentiras: casi todos asociamos viajar con consumir. Ver, fotografiar, comer, irse. El voluntariado es lo contrario, y por eso puede llegar a ser de las mejores formas de conocer un lugar. No se mira una realidad desde afuera, sino que se conoce desde dentro, y entre más se quede uno, más la entiende. Uno conoce personas que no habría conocido, en un país que no es el suyo, con otra música y otra manera de ver casi todo lo que daba por obvio.

Pero lo que más nos llama la atención de Río no es solo quién llega, sino cómo empezó todo. No empezó con un gran plan ni con un presupuesto enorme. Empezó con una clase de inglés para mototaxistas. Una de esas decisiones pequeñas que no sabemos adónde nos van a llevar, y que años después terminó siendo una fundación con más de 600 niños.
Hay algo en eso que nos parece importante. En una zona por donde pasa gente de todo el mundo, el turismo puede ser algo que pasa por encima de la comunidad, que llega, consume y se va, o puede ser algo que deja algo en el lugar. Río eligió lo segundo desde el principio, y de una manera bastante práctica: el voluntariado.
Quizás por eso la historia de Ximena nos dice tanto. Ben empezó con una clase de inglés y ella con dos semanas. Ninguna de las dos fue un gran salto, fueron decisiones pequeñas que se fueron repitiendo, y eso fue suficiente. Así suelen pasar las cosas que de verdad cambian algo, tanto en la vida de una persona como en la de una comunidad.
Casi nadie planea que un viaje le cambie la vida. Pero a veces el cambio no es un momento, sino una suma de días en que uno decide quedarse un día más.